Don
Quijote de la Mancha es una de las obras más trascendentales
en la historia de la literatura, no solo hispana, sino mundial. En cuanto a las
letras en lengua Castellana, basta echar un vistazo a distintos sitios de
Internet para comprobar que aparece en el número 1 de listas “top”. En
todo caso, nadie tiene el atrevimiento de dejarla fuera de un “top
diez”. Si del ámbito mundial se trata, entonces el reconocimiento expreso de
Harold Bloom catapulta la obra del caballero andante. Para Bloom, Cervantes posiblemente
es “el único par de Dante y Shakespeare en el canon occidental”.
Claro, al escuchar “Quijote”, es normal y
común pensar en literatura. No obstante, esta creación cervantina ha traspasado
el umbral de la imprenta y, a lo largo de más de cuatro siglos, se ha colado a
otros tipos de expresión artística. Así, en las postrimerías del año 1869, el
público moscovita pudo atestiguar una singular puesta en escena. Con música del
austriaco Ludwig Minkus y coreografía a cargo del bailarín marsellés Maruis
Petipa, una adaptación libre del Quijote (libérrima, dijera Alfonso
Reyes) tuvo lugar en el Teatro Bolshói. Dicha propuesta ha pasado la prueba del
tiempo… y ha llegado hasta nuestra era (disculpen
la redundancia). En días recientes, los juarenses hemos sido testigos de tal
adaptación…
¿Y cuándo, y a quién se le ocurrió que la
Compañía de Ballet Cásico de la UACJ montara Don Quijote? No tengo la
respuesta, pero sí un apunte: ¡Qué acertada idea! En efecto, el nombrado
cuerpo de danza, coordinado por María del Rosario Chávez Esparza y bajo la
dirección general de Marisol Galán Jurado, tuvo a bien desplegar su
representación, cuyo estreno se verificó en el teatro Gracia Pasquel, dentro de
las instalaciones del ICB, el pasado viernes 29 de agosto, con una segunda
función el sábado 30.
Dos libros con cientos de páginas pletóricas
de aventuras no iban a ser narradas en pocos actos. Hay que ser selectivo, y
así lo fue Petipa, quien también eligió los fragmentos apropiados. “Las bodas
de Camacho”, del libro segundo, capítulos 19 a 21, contiene elementos
suficientes para contar una historia atractiva mediante una buena demostración
de ballet. Empero, también es posible y hasta necesario recurrir a otras
secciones. Y aquí viene la alerta de “te voy a arruinar el final” —o spoiler,
como dicen ahora—, pues haremos una superficial relación de puntos que
convergen, del texto original y lo visto en el Gracia Pasquel, no estrictamente
en este orden.
•
Afectado del juicio por causa de sus lecturas, Alonso Quijano decide
convertirse en caballero andante y se nombra don Quijote de la Mancha, y a su imaginaria
amada, Dulcinea del Toboso. Libro primero, capítulo I.
•
Sancho Panza se convierte en escudero del Quijote. I, VII.
•
Don Quijote confunde molinos con gigantes. I, VIII.
•
Sancho Panza es manteado. II, XVII.
•
Don Quijote se entera de la boda entre Camacho el rico y Quiteria la hermosa.
Se habla de Basilio, el despechado, enamorado de Quiteria “desde sus tiernos y
primeros años”. Basilio cuenta con numerables argumentos a favor, excepto
dinero. El padre de Quiteria decide casarla con Camacho. A don Quijote le
parece que Basilio es digno incluso de “la mesma reina de Ginebra”. II, XIX.
A
partir de aquí, se sigue la narración por dos capítulos más. La fábula dancística
se adereza con el ingreso de nuevos personajes. Al Quijote, Sancho, Gamache
(Camacho), Kitri (Quiteria) y Basilio, se unen Espada, Mercedes, Cupido,
Carmencita, y decenas de personajes más, entre aldeanos, toreros, dríadas y
gitanas. Finalmente, como apuntó Vladimir Nabokov, el Quijote suma una victoria
(en total, según el analista y escritor ruso, fueron cuarenta encuentros, con
saldo de veinte victorias y veinte derrotas).
Todo lo dicho hasta el párrafo anterior
es, sin embargo, poco. Flaco favor le haría yo a los maestros y al elenco
—tanto integrantes del cuerpo de baile principal como del juvenil— si dijera secamente
a un potencial e hipotético público: “Vayan”. Lo que se vio sobre las tablas ha
dejado a los receptores más que satisfechos; sobre todo en la segunda función,
con el público más receptivo y hasta involucrado. El Quijote de la
Compañía de Ballet Clásico de la UACJ es un trabajo conjunto bien llevado a
puerto. El Quijote es música, escenografía, utilería, baile, iluminación,
apoyo técnico y administrativo; todo engranado para un solo fin. Es la juventud de Ciudad Juárez manifestando
belleza gracias a su energía, un quehacer dinámico y a la vez pacífico. Es la
muestra de que aquí, en nuestra misma urbe, hay talento encauzado por maestros
capaces. Es ensayo, exigencia, cansancio, sacrificio, pero sin reclamos. Y al
final, El Quijote es arte, del
bueno y a todo color.
Esperemos (y lo veo muy probable) que
pronto se anuncien más funciones. La Compañía debe explotar este montaje, por
el bien de todos. Porque no solo se lee: También se baila El Quijote.
Tan bien se baila El Quijote. Y así se baila El Quijote.
Joel Amparán.
Me da mucho gusto esta iniciativa, sin duda original en nuestro contexto cultural y fronterizo. Ojalá prospere y haya reposición. Me quedo con ganas de asistir a una función. Felicidades por tu blog, Joel.
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